domingo, 23 de febrero de 2014

El aborto post-parto y la Civilización Multimedia


     Existe en Grecia un monte llamado Taigeto, donde se supone que los antiguos griegos abandonaban a los recién nacidos que tuvieran algún defecto o enfermedad. Esta costumbre se extendió después al Imperio Romano, con la llamada expositio, en la que los niños no deseados eran abandonados en la vía pública hasta que morían de frío o hambre o eran recogidos por algún mercader de esclavos. Esta parte de nuestra historia solemos verla como lejana, digna de épocas donde reinaba la barbarie y totalmente ajena a nuestra realidad.

     En su número de febrero de 2012, el Journal of Medical Bioethics publicó vía internet un controvertido artículo titulado: After-birth abortion: why should a baby live? En él, dos filósofos italianos, Francesca Minerva y Alberto Giubilini, proponen considerar como un derecho universal el dejar morir al recién nacido si los padres así lo deciden, aun si no presenta ningún defecto o enfermedad. Su argumento se basa en que tanto el feto como el recién nacido carecen del estatus moral de persona. Así, el “aborto post-parto”, como ellos lo llaman, seria moral y prácticamente equivalente a cualquier otro tipo de aborto.

     Lo que sorprende de esta noticia no es la propuesta en sí, pues ya vimos que no es nada nuevo, sino la cantidad de gente de todas las ideologías que ha puesto el grito en el cielo. Minerva y Giubilini se quejan de correos electrónicos y llamadas telefónicas que han recibido después de publicar el artículo, en los que incluso han habido amenazas de muerte. En declaraciones al diario británico Daily Mail, Minerva admite que los días posteriores a la publicación del artículo «han sido los peores de mi vida».

     En China, Canadá y algunas partes de Estados Unidos, es legal desde hace algunos años el llamado aborto por nacimiento parcial (PBA, por sus siglas en inglés). Este método consiste en extraer con un catéter de succión el cerebro del bebé ya listo para nacer, con la cabeza aún dentro de la madre, pero el resto del cuerpo ya fuera de ella.

     Cuando se empezó a mostrar esta técnica en los medios, levantó muchas voces en contra, incluso de quienes apoyan otros métodos abortivos. Ciertamente, observar este procedimiento mientras se desarrolla es muy impactante. Es menos impresionante ver la escena del médico destrozando la cabeza del feto de 10 semanas de gestación en el famoso documental del Dr. Bernard Nathanson, El grito silencioso. Y casi nadie se inmuta cuando una mujer toma la píldora para abortar, porque este método pasa prácticamente desapercibido por todos.

     Y este es justamente el problema: todas estas imágenes, artículos y videos escandalosos tienen la capacidad de despertar y movilizar a la gente, que debe presenciar en forma tan dramática unos eventos que se repiten por miles todos los días en todo el mundo para reaccionar de alguna forma. Nos hemos convertido en la Civilización Multimedia, donde nuestras acciones deben estar motivadas por una televisión, un periódico o un video.

     Sin embargo, la vida de un ser humano no puede depender de la impresión emotiva que pueda causar su eliminación. Si hemos llegado a tal punto, significa que algo hemos hecho mal. Tan grave es el infanticidio como tomar una píldora para eliminar un embrión de apenas unos días de gestación. Pero como al primero nos lo presentan de una forma sobrecogedora y trágica, nos afecta y nos mueve más.

     Tanto por la fe como por la ciencia sabemos que desde el momento de la concepción hay un individuo nuevo e irrepetible. Por la ciencia también conocemos que desde ese mismo instante existe un nuevo ser humano, con su propio programa genético y desarrollo autónomo.

     Si no regresamos a tales certezas que la ciencia y la fe ya nos dan, ¿a quién vamos a creer? ¿A la OMS que considera el inicio del embarazo hasta que el huevo fecundado se implanta en el útero materno, contradiciendo toda la literatura médica? ¿A las legislaciones y costumbres tan variables en cada país y cultura? ¿A quienes piensan que la persona humana comienza con la adquisición de diversas facultades: capacidad de sentir dolor, inicio de la actividad cerebral, capacidad de vivir autónomamente, etc.? O quizá tendremos que esperar a que haya un nuevo y emotivo documental sobre el horror del aborto para actuar.

    En términos crudos, Minerva y Giubilini tienen razón. Su propuesta, no obstante descabellada e inhumana,  es cierta en el sentido de que matar a un ser humano fuera o dentro del vientre materno equivale a lo mismo. Pero mientras ellos desprecian el valor de cualquiera de esas vidas humanas, nosotros creemos que unas son tan valiosas y dignas como las otras.

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